
Hablar de las esencias de Bach y no hablar de la filosofía de su creador, me parece un despropósito. Ambas van de la mano. Quien le haya brotado la idea de saber sobre el mundo floral no puede desconocer su obra y su pensamiento, porque sólo así, podrá entender el maravilloso proceso de curación y qué significa “salud y bienestar”.
Bach nació un 24 de septiembre de 1886 en Moseley, un pueblito que se sitúa a pocos kilómetros de Birmingham, Inglaterra. De niño disfrutaba de la naturaleza y a temprana edad decidió con ahínco seguir la carrera de medicina.
Tenía una irresistible compasión por los demás y esto le valió para que todo aquel que lo conociera le tuviera un especial cariño. Soñaba con encontrar una forma simple de curar cualquier forma de enfermedad. Incluso comentaba que soñaba que de su mano fluía un poder curativo hacia todos aquellos que tocaba. Decididamente quería desterrar a la enfermedad... y este fue el primer paso de su gran obra. Sabía lo que buscaba y lo que quería. Su mayor interés fue buscar un método de curación y el amor por la naturaleza. Pudo amalgamar ambas pasiones y en aquel entonces sólo unos pocos pudieron seguir y comprender a alguien que desde el comienzo de su vida supo lo que quería. Por este motivo, nada ni nadie, pudo quebrar su propósito. El amor personificado... un elegido sin duda...
A los 16 años comenzó a trabajar en la fundición de su padre durante 3 años. No le agradaba estar encerrado y las limitaciones del tiempo. Pero supo sacar provecho de esto ya que al conectarse con toda la clase obrera, obligada a trabajar sin poder enfermarse porque esto le provocaría la pérdida de trabajo, pudo tener mayor visión sobre la base de lo que él investigaría: la condición humana- su entorno-salud y enfermedad.
No estaba de acuerdo con la medicina convencional ya que lo único que hacía era paliar síntomas, suprimirlos, y decidió encontrar una manera de poder aliviar el sufrimiento de la mente y el cuerpo.
Ingresa a la facultad de Medicina. Terminados sus estudios se entrenó en Londres en el Hospital Escuela de la Universidad.
Fue poco adicto a los libros. Decía que la mejor forma de aprender era estar en contacto con el paciente, ver cómo cada uno era afectado por su enfermedad y cómo estas diferentes reacciones influían en la evolución del paciente.
Descubrió que el mismo tratamiento no siempre curaba la misma enfermedad en todos sus pacientes y que el mismo remedio aparentemente curaba a algunos y no tenía efectos sobre otros. Su mentalidad abierta y su gran deseo de poder ver el progreso de la humanidad lo motivó a seguir investigando... entonces advirtió que pacientes con una personalidad similar respondían al remedio mientras que otros con otro tipo de temperamento necesitarían otro tipo de tratamiento para su cura, aunque padecieran la misma enfermedad. Aprendió, entonces, “que la personalidad del individuo era aún más importante que el cuerpo para el tratamiento de la enfermedad”.
La personalidad era para Bach el factor principal para el tratamiento requerido: su vida, sus emociones, sus sentimientos eran de vital importancia para su recuperación.
En largas jornadas hospitalarias pudo ver que en muchas ocasiones el tratamiento era aun más doloroso que la enfermedad. Por este motivo fortaleció la idea de encontrar un tipo de curación que sea suave, sin dolor y benigna. Tenía una sola meta: una medicina natural, simple y segura.
En 1915 instala su consultorio privado en Harley Street donde tuvo gran éxito profesional, pero se sentía disconforme con la medicina moderna. Opinaba que este fracaso se debía al hecho de que la mayoría de los médicos solo trataban a sus pacientes desde el punto de vista corporal olvidando el aspecto humano que en ellos reside. Comenzó a estudiar Inmunología y Bacteriología creyendo encontrar la solución. Se dedicó a investigar la toxemia intestinal. Observó que ciertos gérmenes intestinales que se hallaban en todas las personas y a los que hasta el momento no se le había dado demasiada importancia, se encontraban en mayor cantidad en pacientes con enfermedad crónica que en paciente sanos. Para ello preparó vacunas sobre la base de estos gérmenes con el objetivo de depurar al organismo de tóxicos que causaban la enfermedad.
El éxito fue increíble. No solo los pacientes mejoraban en cuanto a su salud, sino que además manifestaban que jamás se habían sentido mejor, ya que determinadas dolencias crónicas como dolores de cabeza, artritis, reumatismo desaparecían de forma definitiva.
Como estas vacunas eran inyectables, Bach, deseaba encontrar otra manera de darlas, ya que por este método, el edema, el dolor local generaba en el paciente cierta incomodidad.
Pudo advertir que en muchas ocasiones una sola dosis era suficiente y no era necesario repetirla hasta la desaparición de los beneficios de la vacuna anterior o hasta que el paciente se hubiera vuelto estacionario. Los resultados eran mejores que cuando las dosis se administraban por períodos regulares.
Estudia Homeopatía. Su salud empezó a flaquecer, pero estaba dispuesto a pelear contar viento y marea por su propósito. Estaba a cargo de 400 camas de soldados cuando estalló la Primera Guerra Mundial en el Hospital del University College en 1914.
No descansaba nunca, su gran sentimiento de lucha era inquebrantable. Sostenía que había mucho que hacer...hay tantos necesitados...
Pero en julio de 1917 tuvo una seria hemorragia que perdió el conocimiento y tuvo que ser operado de urgencia. Sólo le dieron 3 meses de vida.
Lo atormentaba la idea de dejar una obra inconclusa y quiso aprovechar al máximo las pocas semanas que le quedaban. Estando muy débil volvió al laboratorio del hospital, perdió la noción del tiempo, trabajó día y noche...sus amigos lo llamaban “la luz que nunca se apaga”.
Se olvidó de sus flaquezas y así fue recuperando fuerzas.
¿Será acaso que, el propósito de llegar a la meta, el amor por la profesión, el incentivo, el deseo de lucha y el amor al prójimo...nos lleva a superar dificultades... y a recuperar la salud?
Logró hasta el momento utilizar lo menos posibles drogas o medicinas convencionales. Continuó con su investigación colocando su propio laboratorio, renunciando así al hospital. Tuvo así, muchas dificultades económicas, pero se sentía feliz por seguir con su propósito.
Se conectó con el Organon, obra escrita por Hahnemann, padre de la homeopatía. Pudo ver la similitud con su trabajo. Hahnemann había descubierto la íntima relación existente entre la enfermedad y el envenenamiento intestinal, y también había demostrado que las dosis eran provechosas si se repetían cuando el paciente no mejoraba. Hahnemann había utilizado remedios tomados de la naturaleza, plantas, hierbas y musgos. El principio era para ambos “tratar al paciente y no a la enfermedad” compartió ideales.
Bach fue cuestionado en muchas ocasiones y más de una vez se le advirtió que podía ser expulsado del Registro de Médicos. Igual siguió adelante. Preparó las vacunas en forma oral, también llamadas Nosodes y las clasificó en 7 grupos diferentes de bacilos:
1- Proteus
2- Dysentery
3- Morgan
4- Faecalis Alkaligenes
5- Coli Mutabile
6- Gaertner
7- N°7
Pudo observar que los siete grupos bacterianos correspondían a 7 personalidades humanas diferentes.
Estas vacunas fueron mundialmente reconocidas por homeópatas y alópatas. Por este motivo el trabajo lo desbordó. Investigo y probó distintos métodos de curación científica: electricidad, rayos, caja Abrams, sin ver demasiados resultados. Aconsejaba comer crudo, vegetales, frutas, nueces, cereales para disminuir la toxemia en los intestinos.
Demostró así que las vacunas mejoraban el estado general del paciente, por lo tanto, las afecciones secundarias desaparecían.
Tuvo el deseo de reemplazar estos remedios por plantas y hierbas de la naturaleza y encontró ciertas plantas que eran análogas a los grupos bacterianos.
En 1928 encontró los primeros tres remedios (de los 38) que reemplazarían a los 7 Nosodes bacterianos.
Este año pone fin al Bach científico para nacer el Bach intuitivo, espiritual...comenzó a buscar plantas y hierbas.
Una vez, Bach había concurrido a una cena sin muchos deseos y no se estaba divirtiendo demasiado, entonces para pasar el tiempo se puso a observar a las personas que lo rodeaban, sus gestos, el tono de voz, cómo comían, cómo sonreían, las actitudes del cuerpo. Se dio cuenta de que la totalidad de la humanidad consistía en grupos determinados de tipos. Cada persona en aquella cena pertenecía a uno de estos grupos. Tan estrecha era la semejanza entre ciertas personas que parecían de la misma familia sin tener ningún tipo de lazo sanguíneo. Al concluir la cena cotejó los distintos grupos con los Nosodes. Pudo observar que cada grupo no padecía la misma enfermedad sino que un mismo grupo reaccionaría de forma similar a cualquier tipo de enfermedad.
Un día, siguiendo el llamado de ir hacia la naturaleza se fue a Gales y encontró las primeras plantas, Impatiens, Mimulus y Clematis. Las preparó de la misma manera que los Nosodes y las prescribió de acuerdo a la personalidad viendo rápidos resultados positivos.
Ahora estaba convencido de poder reemplazar los Nosodes por hierbas de campo. Abandonó su trabajo anterior, su consultorio y a principios de 1030 decidió irse de Londres para dedicarse a encontrar remedios florales. Quemó todo su trabajo y se deshizo de las vacunas orales. Vendió todo su instrumental y partió a Gales tomando unas pocas maletas en busca de encontrar la curación en la Naturaleza.
Es maravilloso como la vida nos enseña a diario el camino a seguir...ya que Bach creyó traer consigo en una de las maletas todo el instrumental necesario para la elaboración de sus nuevos remedios, pero por “equivocación” se llevó una maleta llena de zapatos. Quizá material más que valioso para recorrer los campos buscando nuevas plantas.
Sostenía que curar no era una profesión sino un arte divino, ya que la salud no era una mercancía comercial sino el derecho de todo individuo. Por este motivo, jamás cobró honorarios. Su restricción económica no le hizo bajar los brazos. Pudo seguir con su obra gracias a donaciones y contribuciones de pacientes y amigos.
Se detuvo a observar gran variedad de plantas, cómo crecían, dónde, el color, la forma. Eliminó plantas primitivas y las alimenticias.
Llegó a la conclusión que para obtener de la planta los efectos medicinales debería utilizar la flor ya que en ella se concentra todo el potencial de la planta.
Un día tuvo la idea de que cada gota de rocío depositado en las flores tendría poder curativo, pues el sol. Podría extraer las propiedades de la flor hasta impregnar las gotas de rocío con la energía de la misma. Probó consigo mismo el agua recolectada.
En los últimos Bach pudo percibir que sus sentidos se agudizaban. A través del tacto finamente desarrollado era capaz de poder sentir las vibraciones de cualquier planta que quisiera examinar. Él era su propio laboratorio, podría darse cuenta de todo el poder curativo que tenía la planta al estar en contacto con ella.
Averiguó que el sol era esencial en este proceso, ya que aquel rocío recolectado de las plantas de los lugares sombríos no tenían la misma vibración.
Decidió recoger las flores y colocarlas en agua de manantial y luego al sol durante varias horas. Este método de preparación lo utilizó para las primeras 19 flores del sistema. Bach se sentía inmensamente feliz por no dañar la planta, el proceso era al aire libre, las flores recolectadas deberían estar frescas y en su grado óptimo de floración. El método simple que tanto anhelaba, donde la fuerza del fuego, aire, tierra y agua, los 4 elementos estaban presentes en el poder curativo.
Bach sostiene que la enfermedad del cuerpo no se debe a principios físicos, sino a que el ánimo del paciente está desequilibrado. Y si estos estados emocionales se mantienen, los órganos corporales se enferman, pues la mente tiene un control absoluto en nosotros. Asimismo la preocupación y el miedo nos provocan ansiedad con la siguiente implicancia en nuestro sistema nervioso central.
¡¿Cómo no perder así toda la energía y vitalidad para sentirnos enteros, óptimos?!
En general, ¿quién se enferma en su cumpleaños, en el día de su casamiento o de algún acontecimiento importante donde nuestra dicha y felicidad están a pleno? Cuando la paz y la felicidad nos inundan, recuperamos el control de nuestras emociones, de nuestra mente y todo indicio de enfermedad desaparece.
Bach sostenía que cuando permitimos que otros interfieran en nuestras vidas y decisiones, no seguimos el camino correcto que nos dicta nuestra Sabiduría interior y el miedo, la indecisión, la frustración, entre otras que se apoderan de nosotros afectando así nuestra salud.
Seguir nuestro Yo Superior, apelar a nuestra intuición trae aparejados cualidades de coraje, paz y sabiduría.
Bach escribió: “Lo que se llama intuición no es nada mas ni menos que ser natural, y obedecer tu propio deseo en forma absoluta.”
“La enfermedad es una especie de consolidación de una actitud mental y con sólo tratar el estado de ánimo de un paciente, la enfermedad desaparecerá.”
Por tal motivo clasificó los estados de ánimo de los seres humanos y buscó el remedio para dichos estados.
Tanto en la vida como en la enfermedad los hombres actúan de forma diferente ante un mismo hecho. Por ejemplo ante una misma enfermedad algunos sienten temor, otros impaciencia, otros ansiedad, otros necesitan compañía y otros desean estar solos. Es decir, que la naturaleza de la enfermedad no tiene papel protagónico, siendo así, los estados de ánimo los indicadores del tratamiento para una pronta evolución del individuo.
Bach clasificó los estados de ánimo en:
1- Temor
2- Terror
3- Tortura mental o preocupación
4- Indecisión
5- Indiferencia o aburrimiento
6- Duda o desaliento
7- Preocupación excesiva
8- Debilidad
9- Falta de confianza en sí mismo
10-Impaciencia
11-Exceso de entusiasmo
12-Orgullo y reserva
Entre los años 1930 y 1936 Bach descubrió todas las flores que componen su sistema.
Durante este tiempo tuvo muchos contratiempos con profesionales que no estaban de acuerdo con su teoría. Pero su fortaleza provocó que no se limitara en las investigaciones. Sabía que su trabajo era beneficioso para los enfermos. No le importaba el status, ni tampoco lo atemorizaba el escepticismo de los colegas.
Hizo varias publicaciones, charlas y conferencias sobre esta nueva forma de recuperar la salud. Pocos amigos fieles empiezan a utilizar sus remedios con excelentes resultados. Mantenía Bach la esperanza de demostrar que esto que había descubierto es muy superior a los trabajos antes realizados ya que los paciente no solamente recuperaban la salud, sino que además, el estado general era óptimo en cuanto a la alegría y el amor a la vida.
Bach cada vez estaba más intuitivo. Hay varios relatos que confirman este hecho.
Decidió vivir en el campo. Entrenó a algunos colaboradores para que lo ayudaran en su trabajo.
Entre horas se dedicaba a la carpintería. Confeccionó los muebles donde vivía. Era un placer para él ya que amaba profundamente a los árboles.
Antes de descubrir algún remedio, él mismo sufría el estado mental para el cual se necesitaba ese remedio, de tal forma que sus colaboradores no podían creer cómo un ser humano podía sufrir de esa forma y mantener la cordura.
En una oportunidad sufrió de una fuerte inflamación de los senos frontales con un dolor de cabeza que lo atormentaba sintiendo que iba a perder el control. Supo que iba a descubrir un nuevo remedio y se topó con un bello seto cubierto de flores de Cherry Plum. Preparó el remedio y lo tomó. El dolor desapareció.
Las flores provenientes de árboles que florecían cuando el sol no es tan fuerte, recurrió a un método de decocción.
A medida que avanza en su trabajo, su cansancio y su debilidad también aumentaba. Pasó por innumerables períodos de dolencias. Solo los que trabajaban con él vivieron y supieron el inmenso coraje y la condición casi sobrehumana que tenía Bach para soportar esto. Nunca dejó de irradiar felicidad.
Trabajó mucho, atendía cada vez más paciente, el grupo de colaboradores aumentaba, como también las cartas recibidas de todo el mundo comentando el éxito de sus remedios.
Se sentía feliz por ello, su obra como método de curación que podía ser utilizado por todo el mundo aunque no tuvieran conocimiento de medicina, lo satisfacía.
Las amenazas del Colegio de Médicos de expulsarlo no le importaba. Escribió respondiendo una carta el 8 de enero de 1936:
Al Presidente de la Junta Médica General:
Estimado Señor:
Habiendo recibido la notificación de la Junta referida al trabajo con asistente no calificados, corresponde que le informe que estoy trabajando con varios y continuaré haciéndolo.
Como ya le he informado anteriormente a la Junta, considero que es el deber y el privilegio de todo médico el enseñar a los enfermos y a otros cómo curarse.
Dejo completamente librado a su discreción las medidas a adoptar.
Habiendo comprobado que las flores del campo son tan simples de usar y tan maravillosamente eficaces en sus poderes curativos, hice abandono de la medicina ortodoxa.
Lo saluda atentamente
Edward Bach
Siguió publicando y dando conferencias.
A fines de octubre de 1936 sus fuerzas comenzaron a decrecer. Pero no dejó de trabajar. Formó su equipo con mucho cuidado, deseaba dejar su obra en manos de aquellos que amaban cómo aliviar los tormentos del enfermo
En la noche del 27 de noviembre de 1936 desencarnó mientras dormía. Durante 50 años trabajó incansablemente, entregando su vida a los demás.
Si hablar de amor, de Dios, de nuestro Ser Interior que nos conecta con la Gran Sabiduría, de Alma y de emociones como parte del ser humano, es de otra época o de sólo unos elegidos seres espirituales, entonces no hemos entendido nada...
Despertemos la conciencia
Mirtha Maza